Por ratos pierdo los colores, todo se torna muy negro y no encuentro forma de salir de esa oscuridad, porque esta sale de mí. Tantas veces mi proceder no corresponde a mis pensamientos y creencias, simplemente pierdo el camino. Tan fácil es irse por la veda equivocada y que difícil es regresar. La culpabilidad, el arrepentimiento solo aparecen después de que no existe retroceso, ni segunda oportunidad. 

   Cuando pierdo mis colores, parte de mi también se va. La oscuridad es tan triste y opacante, es tan dramática que me hace ver los errores como grandes monstruos contra los que no puedo luchar; me debilita, tiene en su poder todos mi puntos débiles. Esa  es mi oscuridad, el foso negro, la parte oscura que coexiste con lo demás dentro de mi. 

   Se que no puedo permitir que permanezca, que me domine. Se que debo hacer y como debo hacerlo, la lógica siempre brinda esas pautas necesarias para salir del charco. Siempre existirá también la luz, aunque ahora solo parezca dentro de mi un débil rayo. Debo aferrarme a él y como en otras ocasiones, me ayudará a encontrar mis colores, haciendo que brillen una vez más. 

Silvia Contreras. 

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